Juan Carlos García
24 marzo, 2014

Un “Italo-ameri-holandés” que une a dos grandes

Hace 300 años, el científico Avogadro dijo “El Universo es movimiento, donde lo que no se mueve no existe o está muerto”. La sentencia le cae como anillo al dedo al promisorio surgimiento de Fiat-Chrysler, que se cuela en la industria con estatura de gigante.

Previo a este último paso de la fusión, donde todos los huevos quedan en la canasta italiana, Chrysler mostraba estar en salud y en forma luego de esquivar la última gran depresión del mercado mundial hace un par de años, exhibiendo hoy un récord histórico en ventas; mientras que Fiat, teniendo puesta la correa en el último hoyito frente la crisis del mercado europeo, había salido más fortalecida que antes. Curioso resulta que Avogrado es originario de Turín, hasta ‘ayer’ el histórico asiento de Fiat, de modo que estamos en familia, cuyas investigaciones en la Universidad Turinés lo llevaron a concluir que “los átomos se unen de manera natural”.

Si bien la unión de ambos es más bien una transacción en la que Fiat adquiere el 100% de Chrysler , no hay duda que ambos son protagonistas y le sacarán provecho a la feroz lucha de marcas a la que está sometida la industria, dando a luz al nuevo emporio Fiat-Chrysler Automobiles N.V., (FCA), donde ambas se mudan de Detroit y Turín para afincarse como nueva familia en Holanda y así obtener mayor rendimiento económico, cotizando como empresa en la bolsa de Nueva York y la de Milán. Por cierto, el logotipo del novel emporio es obra de Robilant Associati, que francamente pudo ser más interesante, aunque eso es otra historia.

Ahora el naciente emporio FCA se compone de las marcas: Fiat, Alfa Romeo, Ferrari, Maserati, Iveco, Lancia, Abarth, Chrysler , Dodge, Jeep, Ram, Mopar y SRT.

La fusión de dos colosos une dos continentes, hasta ahora separados por 12 mil kilómetros, probando que el mundo se ha reducido a una escala ‘alianzadora’.

Al igual que los átomos de Avogrado que tienden a unirse si las circunstancias son propicias, la creación de la Fiat-Chrysler puede ser la antesala de otras posibles alianzas inconfesables, si las condiciones lo permiten… ¿quién sabe?

En fin, si en el universo todo es movimiento, ‘cuantimás’ en la Tierra: ya usted verá cómo las alianzas podrían precipitanse viento en popa, al punto de redefinir el mercado de cabo a rabo, presenciando nosotros desde la comodidad del volante, en la próxima curva del cercano futuro, cómo se integran emporios automotrices que tradicionalmente han sido tenaces competidores. Tiene que ser así, para poder sobrevivir a un mercado cundido de lo que será la ‘hiper’ competitividad.
Diseño, manufactura, distribución, revoluciones en la movilidad, espere de todo, que lo mejor está por venir. No lo decimos nosotros, sino Avogrado, quien lo vaticinó desde la apacible ciudad de la Fiat, 3 siglos antes de nacer ese emporio: todo debe moverse, si no muere. ¿Y qué no será la industria automotriz en los años por venir, sino una oferta casi infinita de estados de conducción, para un planeta con 10 mil millones de habitantes para el año 2020?