Juan Carlos García
10 agosto, 2013

En el año 2012 la marca Jeep rompió el récord mundial de ventas y para imponer la mejor marca de todos los tiempos nació el “Jeep Challenge”, un programa cuyo propósito era motivar y mejorar los objetivos de ventas con la participación de la región de Latinoamérica. La retribución, además del reconocimiento por la gran labor, fue vivir una experiencia única 4X4 con los legendarios Jeep Wranglers en uno de los lugares más emblemáticos para hacer realidad todo tipo de aventuras y travesías en la Unión Americana: Moab, en el Estado de Utah.

La convocatoria que se realizó fue sobresaliente, ya que prácticamente todos los países de la región aceptaron el reto Jeep. La marca impuso un nuevo récord global de ventas de 701,624 unidades al cierre del 2012. Estos números arrojaron resultados extraordinarios: 20 países alrededor del mundo lograron su mejor año en ventas y de ellos 13 correspondieron a América Latina, ya que la región sobrepasó sus ventas en 18% con respecto al año anterior.

Colosa Aventura Jeep

Un viaje largo para la mayoría, pero tomamos la vía más rápida para arribar que es una pequeña ciudad llamada Grand Junction, en el estado de Colorado. Ahí comenzó la aventura para llegar a nuestro destino que se encontraba aproximadamente a una hora en carretera. No es un viaje aburrido, sino todo lo contrario, ya que mientras te vas adentrando en el bello estado de Utah empiezas a experimentar los cambios de paisajes.

El camino principal te va acercando a las montañas rojizas esculpidas por el tiempo, con formas y cortes caprichosos, con la constante y notoria presencia del Río Colorado, que siempre nos acompañó.

Llegamos al estado de Utah, y en Moab, la meca de los amantes de la naturaleza, la libertad y la aventura, se hace notorio a cada paso que tanto a Jeep como a los que participamos en esta proeza nos unen las mismas cualidades. Aquí se destacan de manera especial los escenarios y parques más espectaculares del mundo, como por ejemplo el Parque Nacional Arcos, al norte, donde se aloja la concentración más grande del mundo de arcos de arenisca naturales. Al oeste encontramos el Parque Nacional Canyonlands, el más grande del estado de Utah, con las montañas llamadas La Sal, cubiertas de nieve, que resaltan su belleza a la distancia, todo esto dividido por el Río Colorado y el Río Verde. Ante semejante despliegue de la naturaleza no es de extrañar que este territorio se haya convertido en el campamento base para actividades al aire libre de fama mundial.

Esto era solamente el principio, pues luego llegamos al hotel sede del magno evento, el exclusivo hotel Sorrel River Ranch, una propiedad mágica enclavada en un valle, rodeada de hermosas montañas y formaciones rocosas. En este asombroso lugar se llevó a cabo el reconocimiento a los ganadores del Jeep Challenge. Altos ejecutivos de Jeep de América Latina fueron los anfitriones de esta emocionante ceremonia, en donde se recompensó el gran esfuerzo y dedicación que el selecto grupo de invitados realizó en sus respectivos mercados, para hacer de Jeep una de las más reconocidas marcas a nivel mundial.

Al día siguiente comenzó nuestro recorrido con una caravana de 15 Jeep Wranglers. Cada uno mostraba una apariencia distinta porque portaban sus banderas en puertas y en la parte trasera sobre la llanta de refacción, pero con el espíritu aventurero como común denominador. La imagen era imponente y difícil de olvidar: toda la fila de vehículos, con diferentes colores y versiones, pero unidos por las cualidades perfectas para afrontar los caminos que nos esperaban en este majestuoso lugar.

Salimos del rancho por una bella y poco sinuosa carretera, con maravillas naturales que combinaban colores y cambios de vegetación junto a las montañas rocosas, a través de la cual los vehículos se desplazaban sin problema por sus capacidades y aptitudes para cualquier tipo de terreno, aunque en este caso en condiciones normales, solo pavimento.

Algunos quisieron disfrutar más el aire fresco y el día soleado quitando el toldo en sus vehículos, o simplemente dejando abajo los cristales para sentirse más en sintonía con la aventura y la emoción que se respiraba en el ambiente. De repente, llegamos al legendario poblado de Moab, pintoresco, típicamente americano, con calles no muy largas y en cuyos alrededores se han filmado un sin número de películas. Sus pequeñas casas y una gran cantidad de letreros y comercios que invitan a la aventura en sus más variadas formas confirman que este es, sin duda alguna, uno de los lugares más propicios para vivir la emoción y la libertad, razón por la cual es también la sede de los más grandes eventos 4×4 , pues es indudablemente el hábitat natural para los Jeep. Nos aproximábamos más hacia la ruta extrema y era momento de cambiar el modo de manejo de nuestros Wrangler, bajando la presión de los cuatro neumáticos y cambiando de tracción 4X2 a la tracción 4X4.

Colocando en neutral la transmisión y con solo mover una palanca a la posición de “4 low” logramos preparar nuestros Jeeps al modificar el diferencial con la caja reductora para poder conquistar las partes más altas. Los Jeep están listos , todos estamos listos.

Quién se iba a imaginar que desde el inicio de esta travesía extrema, la diversión y los nervios comenzarían?

Nuestro primer obstáculo, un lugar conocido como “Hell´s Revange”, nos hacia imaginar solo con su nombre que lo que nos esperaría iba a ser de cuidado. Y en efecto, comenzamos a subir por una formación rocosa en donde solo había espacio para un solo vehículo, sin embargo el camino se hacía cada vez más estrecho y a cada metro avanzado la altura por dónde íbamos aumentaba.

Lo único que sé podía ver era hacia el frente ya que a los lados solo había un gran vacío de varios metros y no nos quedaba más que continuar, no había forma de retroceder. Los rostros de los conductores demostraban nerviosismo, ya que un movimiento en falso y cualquiera podría caer. Nos dimos cuenta que íbamos prácticamente encima de una enorme roca , en un espacio muy estrecho a una gran altura en un camino irregular.

Debo destacar que algo que definitivamente calmó mucho a los conductores fue el extraordinario comportamiento de sus vehículos , firmes paso a paso sobre el camino imperfecto, con gran agarre , demostrando con su desempeño que la famosa frase que reza “Solo en un Jeep puedes atreverte a hacer algo así ” es tan real como la adrenalina que a todos nos estaba invadiendo. Continuamos trepando todo tipo de pendientes, ya fueran pequeñas, irregulares o muy pronunciadas, pero la tracción en las cuatro ruedas de los Jeep nunca permitió que nos detuviéramos.

En una de esas pendientes pronunciadísimas podíamos ver a los Wrangler que iban delante de nosotros y literalmente iban escalando una gran roca, casi perpendicular . Fue una imagen que me dejó sin aliento, porque por ahí íbamos a pasar nosotros. Y en efecto, empezamos a subir, más bien a escalar, y hubo un momento en que no podíamos ver más que el cielo al frente de nosotros de lo empinado que íbamos. Por supuesto había nervios, pero sin problema alguno logramos subir y continuar como si nada, dominando el camino y venciendo diferentes obstáculos.

Después de un tiempo nos dimos cuenta que la caravana había llegado a una de las partes más altas del recorrido, y nuestros Jeep Wranglers multicolores , con banderas y decoraciones de diversos países, rodeados de un paisaje majestuoso, constituían uno de los momentos más emocionantes e inigualables de esta ruta.

Todos estábamos admirando esta hermosa estampa y volvimos a caer en cuenta de que en verdad estábamos muy alto, ya que la vista era increíble. Hasta ese remoto y emocionante lugar habíamos llegado sin ningún problema, para materializar un recorrido y una experiencia incomparables.

A este punto de la aventura nos vuelve a asaltar la satisfacción de que formábamos una simbiosis perfecta con los vehículos, una sensación realmente extraordinaria tal y como lo manifestó uno de los participantes cuando dijo: “Es muy emocionante ver al Jeep Wrangler, el representante máximo del 4×4, en su hábitat natural”.

Seguimos la travesía y, por supuesto, en un lugar como éste era inevitable que nos encontráramos a diferentes aventureros del off road y expertos en ciclismo de montaña, que al paso de la caravana se quedaban admirados por tan impresionante escena protagonizada por los 4×4.

Poco a poco fuimos saliendo de este mar de rocas para tomar otra ruta, algo distinta, más plana pero con mucha vegetación y muy terregosa, nada por donde un Jeep no pudiera pasar si recordamos el agreste recorrido que acabábamos de hacer. De repente llegamos a “Castle Valley”, un pequeño campamento en una parte muy alta de la montaña, donde nos esperaban con un pequeño lunch aderezado por una vista espectacular.

De ahí podíamos admirar un inmenso valle rodeado de esas formaciones rocosas rojizas y caprichosas en donde estaba enclavado el rancho que nos alojaba, y del otro lado una fotografía magnífica que nos permitía admirar las Montañas de Sal , todas nevadas , altísimas y majestuosas
Con esa hermosa, única e inolvidable postal podíamos decir, muy a pesar de todos los que nos encontrábamos allí, que prácticamente estábamos terminando nuestro recorrido. Pero nos llevábamos en nuestro equipaje de regreso la gran satisfacción de haber vivido una experiencia llena de emociones extremas, con el poblado de Moab como testigo y espléndido anfitrión del verdadero espíritu latino de libertad y aventura, pero sobre todo del magnífico desempeño, fortaleza y coraje de cada uno de nuestros Jeep.