Juan Carlos García
25 febrero, 2016

Las innovaciones logradas por Ford Motor Company en el campo de la iluminación fueron alimentadas por la propia psicología humana. El óvalo azul comenzó focalizando lo siguiente: tras un largo día de trabajo, atrapado en el tapón camino a casa, al igual que cualquiera que lo rodean, el conductor típico se torna impaciente, irritable y a menudo distraído. A medida que pasan los minutos el cielo se oscurece, con un conductor ya de mal humor o hasta algo deprimido. En este punto Ford profundizó en la relación que podía haber entre él y la iluminación de su vehículo, dando en el clavo, trabajando a fondo para hacerle la vida un poco más brillante a cada usuario de cada mákina del óvalo azul.

La variación cromática de cualquier cosa queda afectada en función de la distancia, esos es lo que se llama “Gradiente” en física de la luz. “Sabemos que los gradientes y la homogeneidad afectan los estados de ánimo de la gente”, dijo Arun Kumar, ingeniero en óptica de Ford. “También sabemos que el ojo se afecta por los cambios de contraste y otras inconsistencias en la iluminación, como todo acto reflejo del cerebro que puede alterar el estado de ánimo.”

Así fue desarrollado el “Crystal Diamond Light” de Ford, aplicado por primera vez en la pick-up Ford F-150; y más adelante vaciada en otros modelos, como el nuevo Ford Fusion. “La eficiencia de este tipo de iluminación no sólo ayuda a estabilizar la psique humana, sino que también tiene el potencial de impactar al medio ambiente a nivel mundial”, dijo Kumar. “A medida que ampliamos esta innovación de iluminación al resto de la gama Ford, el impacto podría ser más significativo todavía, con millones de galones de combustible potencialmente ahorrados a escala global”.