Juan Carlos García
2 diciembre, 2014

La marca de equipajes más distintiva del mundo, asociada al emporio automotriz de Munich a través de su progresivo híbrido premium BMW i8, transformaron la fibra de carbono en el libérrimo placer de lo excepcional, cada uno a su manera, pero unidos por una colección única. Se trata de cuatro artículos de viaje, desarrollados especialmente para este visionario deportivo de raza i… o para quien crea merecerlo. Tanto la empresa gala como la germana, posicionadas como innovadoras, hablan con elocuencia una misma filosofía: ‘la excelencia como modus vivendi’, cautivando al mundo con productos exclusivos, que ahora en comunión con la fibra de carbono, el Luis Vuitton Luggage destella del baúl de BMW i8 a su hombro, como una exquisita prestación… a la medida.

La Fibra de Carbono

El carbono es el ‘Albert Einstein’ de la tabla periódica de los elementos, por la inteligencia con que actúa en la naturaleza, capaz de generar energía en abundancia, interviniendo en la manufactura de 16 millones de productos y, claro, como exquisito orfebre que hace diamantes. Todo ser vivo es 20% carbono. Cuando va colocado en la punta del lápiz al carbono le llamamos grafito, que con copiosa soltura bocetó el cuarteto de piezas de equipaje Louis Vuitton, como sensible gesto ‘conmemorativo’ al diseño y la tecnología del BMW i8.

Louis Vuitton, el Lujo Más Exclusivo

En el arte LV cada pieza de equipaje y complementos que salen de cualquiera de sus 445 tiendas en el mundo son de colección desde 1854, moldeadas y trabajadas a mano, para reflejar una personalidad propia e individual, lo que le ha valido ser la marca de lujo más exclusiva de la Tierra. Sus símbolos gráficos, incluyendo cuadrifolios y flores y el inimitable holograma LV, se basan en la tendencia de la utilización de diseños orientales a finales de la época victoriana, que resultaron significativamente valiosos para paliar la piratería.

Hijo de una sombrerera, Louis Vuitton aprendió el arte de la peletería y la talabartería desde temprana edad, desarrollando con los años un estilo único e inimitable. Ya consagrado, en 1857 el joven empresario participó en la Exposición Universal de París, asegurando con ello su título de ‘maestre’ mundial de la piel y el cuero, siendo uno de los primeros en gestionar la marca registrada con respaldo de ley. A su muerte, su hijo heredero Georges Vuitton fue el responsable de la globalización de la marca, logrando un liderazgo de exclusividad que las grandes urbes del mundo admiran. Presente con una franquicia en Blue Mall de Santo Domingo, la colección para el BMW i8 destella en uno de sus estantes.

Obras Maestras de Exquisitez

Es por ello que en la conjugación de las siglas LV-BMW, ambas se compaginaron de manera inmejorable para un modelo como el i8, indudablemente revolucionario en todos los aspectos, ya por su línea futurista, ya por su avanzado ‘hibridaje’, con el encanto de sus puertas voladizas y su formidable experiencia de conducción, dada la sincronización maestra de sus dos motores, que transformaron la eficiencia en un doctorado de placer a cuatro gomas.

Lo que le faltaba a este salto cuántico del emporio munichí era la fresa del pastel, por eso llamaron al pionero francés Luis Vuitton para crear en suave piel de carbono un maletín ejecutivo, una bolsa de viaje, un portatrajes y un bolso pequeño, cuyo acabado y belleza son de otro mundo, con detalles láser y cuero indescriptible a la vista y seductor al tacto. Si bien son obras maestras de exquisitez sin restricciones, es la forma como calzan las piezas en tonos negros y azules en el BMW i8, lo que las hace sobradamente magistrales… un mega luggage para un ‘premium car’ años-luz en el tiempo.