Juan Carlos García
2 agosto, 2019

Dar a luz en un vehículo camino al hospital es una historia que se repite cíclicamente en todas las calles del mundo. Es la ley de las probabilidades aplicada sobre el asfalto, provocada por el azar y agravada por el tapón… como el caso más reciente, ocurrido en Nueva York.

Una feliz pareja solicitó un traslado a Uber para el alumbramiento de su esposa, pero la cigüeña se adelantó a los médicos antes de llegar a su destino. Simplemente el bebé llegó inesperadamente en el asiento trasero, gracias en parte al “asesoramiento al vapor” que la joven dama recibió de parte del conductor.

“Cariño, tienes que respirar, mami”, dijo Luis J. Leonardo a su insólita futura madre, o madre al instante en este caso, quien comenzó el viaje recostándose en el asiento trasero antes de gritar de agonía cuando sus contracciones se intensificaron.

De esta forma, frente a una posible tragedia, el improvisado quirófano funcionó a las mil maravillas… cuando una niña llegó al mundo gritando, como nacen todos los bebés, sin saber nunca que lo hizo a 40 kilómetros por hora.

Lo demás fue el final feliz a todo pistón: llamaron al hospital para hacerles saber que nació el bebé, dando crédito a la nueva madre, al esposo y al chofer, por tan inesperada experiencia urbana, que la flamante madre contará y contará por el resto de sus días a todos sus hijos, nietos y bisnietos.