Juan Carlos García
13 mayo, 2014

¿Qué fue lo realmente creado con este modelo? Mustang ha sido una de las más grandes revoluciones a cuatro gomas de todos los tiempos. Nació para saciar de libertad, más que de velocidad. Esa es la razón por la que es más un ícono que un auto. Sorprendió al mundo con un carisma arrollador que capturó los corazones, gracias a un diseño tan innovador que representó un nuevo y apasionado estilo de disfrutar el futuro. Brioso, entusiasta, desinhibido… un nuevo sentido de ser ‘joven’ en ese tiempo.

De Mesteño a Mustang

Curioso que el nombre de esta mákina del mundo, que hoy suena muy Detroit, proviene de la palabra castellana “Mesteño”, con la cual se designaba a las manadas de caballos escapistas que corrían con espíritu indómito por las praderas americanas del siglo XVII, auténticos ‘pegasos’ sin alas que obtuvieron su libertad, llamados ‘Mustang’ por los inmigrantes británicos, dadas las deformaciones propias de la pronunciación.

El Nacimiento de una Leyenda

Hace 5 décadas el mundo mostraba un rostro muy diferente del actual. En ese entonces realiza el tránsito del desenfreno rock al ambiente sicodélico que arropó al mundo como una ola. El imperio británico invadía a Estados Unidos con la estridencia de la ‘beatlemanía’ a la cabeza. La Guerra Fría sólo atizaba los roces entre las potencias, el arsenal atómico mundial crecía vigorosamente y Estados Unidos y la Unión Soviética intercambiaban espías. Para colmo, Vietnam había estallado como un polvorín, la discriminación racial cedía terreno a nuevos derechos en los Estados Unidos, la Torre de Pissa estaba a punto de caerse y la píldora anticonceptiva apresuraba las tentaciones de la carne.

Casi en la cintura de la década de los sesentas los automóviles deportivos estadounidenses eran únicamente dos que corrían solos por la pista, sin que ningún fabricante europeo les hiciera sombra, en tiempos en que los dragones asiáticos aún estaban lejos de arrojar fuego por la boca. Se trataba de una hegemonía ‘Made in USA’ donde el Corvette de GM y el Thunderbird de Ford eran los impetuosos divos de la velocidad, genuinos representantes de la era rosada de la postguerra. Pero cuando el Thundebird comenzó a perder su ángel inicial, ahí fue donde los ‘chicos’ de Don Henry sonaron la campana para crear algo nuevo. El modelo debía ser relativamente pequeño, ligero, con asientos individuales y palanca de cambios en el piso.

En ese entonces, la industria automotriz esgrimía ases importantes detrás del escritorio, que exploraban estrategias innovadoras. Uno de esos nombres hoy suena legendario: Lido Anthony “Lee” lacocca, a la sazón vicepresidente de Ford, quien jamás sospechó que el poder creativo de su equipo, el legendario ‘Fairlane Comitee’, zanjaría un abismal antes y después en la manufactura de nuevos modelos aquel histórico 17 de abril en Nueva York, emulando el ‘fordismo’ con que se creó el imperio a todo caballaje. Su misión era fabricar un deportivo nuevo, pero construyeron una leyenda, desarrollando uno de los más exitosos autos de todos los tiempos, pero no era tanto la mákina debajo del bonete, sino la apariencia del diseño lo que flechó el corazón del mundo. El impacto fue tan directo paradójicamente debido a la curvita del modelo sobre las ruedas traseras, un ‘vuelito’ encantador que todavía sigue dando fiebre. El Ford Mustang ofrecía emoción en estado puro, elegancia deportiva y un precio comprensiblemente razonable. El Mustang se vendió más en su primer año que cualquier otro automóvil de Ford, batiendo todos los estimados de ventas, con el ‘guinnesiano’ récord de veinte mil unidades vendidas el primer día, casi medio millón en su primer año de existencia y más de un millón de modelos fabricados dos años después de su fecha de lanzamiento, un verdadero pura sangre en utilidades, que aportó más de mil millones de dólares de beneficios al óvalo azul en 24 meses, pese a que el mismo azul del óvalo brilla por su ausencia en el modelo, siendo el Mustang el único Ford que le luce tamaña irreverencia. La insignia del caballo a galope apareció en el ‘Concept Car’ del Mustang I, en 1962, cuyo código era “Alegro”. Se trató de un innovador logotipo marcado con la yerra de Phil Clark.

El ‘Pony Car’ en el Tope del Mundo

Aquel no fue un día cualquiera. De pronto el mundo descubrió que un Mustang había trepado a la azotea del Empire State Building, el edificio más alto del mundo en ese tiempo, presuroso de anunciar a los cuatro vientos el nacimiento de su liderazgo, sin duda un ingenioso recurso de marketing ‘por todo lo alto’.

Una vez creada la fiebre Mustang, la cúpula Ford quería verlo devorar los circuitos profesionales, y es allí donde el ex corredor y fabricante de prototipos, Carroll Shelby alzó la mano, creando el intenso ‘fastback’ al año siguiente, con el legendario Shelby GT350, el tercer potro del establo Mustang, junto al coupé y el convertible. Esas bandas blanquiazules que corrían por su carrocería generaron una pasión tal, que dieron origen a todo un clásico dentro del ícono.

Ese es el poder Mustang, que este año Ford volvió a convertir en un modelo de estallido, como parte de las celebraciones del 50 aniversario del ‘pony car’, con el relanzamiento de su nueva generación del Mustang. La mákina entró al torrente vehicular con la furia de un potro indómito, dispuesto a proyectar al futuro su aura de gloria desde el Empire State Building otra vez. Sin lanzarse del piso 102, nuevamente brindó al mundo uno de los más espectaculares lanzamientos.

¿Qué es un Ícono? Pregúntenle a un Mustang

¿Acaso el concepto de ícono como tal se profundizó con la creación del Mustang? Indudablemente que el espíritu juvenil de aquellos años se hacía sentir con fuerza social protagónica. La juventud realizaba conciertos multitudinarios al aire libre como protestas callejeras de gran calado. El Mustang era el cómplice que buscaban. Era desinhibido, potente y liberador, corriendo por las praderas de la emoción como nunca antes mákina alguna lo hizo. Se sentía la pasión bullendo bajo sus cuatro gomas, obligando a la industria a torcer el rumbo, porque ningún ‘CEO de la época’, (cuando entonces eso de CEO no existía) estaba preparado para lo que venía: una nueva era automotriz que arrancaba a toda mákina, una vez  levantado el telón del 1964.

Y los ‘Pony Fans’ Felices

50 años más tarde, todos valoramos en grado sumo la importancia del Mustang en el universo a cuatro gomas. Su predominio sigue agitando las emociones de los usuarios como crin de corcel al viento. Así como el recurso retro le impregnó de oxígeno nuevo al modelo del 2004, que disparó las ventas como en los tiempos dorados, el relanzamiento de este iconoclasta de la industria en el 2014 es de apaga y vámonos, o más bien, de prende y arranca, incluso hasta convertido en la estrella de “Need for speed”, haciendo gala de histrionismo extremo. En el balance histórico, el Mustang es un ‘objeto de culto’, cuya edición 50 aniversario lo hace lucir más musculoso y deportivo que nunca.

Edición 50 Aniversario: el Ícono del Ícono

Basado en el nuevo Ford Mustang GT fastback 2015, la edición 50 aniversario del Mustang es un ‘ronco relincho’ a lo Michigan, fabricando sólo 1964 unidades, romántica cifra con claras evocaciones de nostalgia.

Es un modelo de excepción que resplandece con el glamour de los tiempos de plenitud. Los entusiastas de la marca disfrutarán un modelo de colores exclusivos, en azul cobalto y blanco gala, justamente el color de la unidad de la serie Nº 0001 al mando de su feliz propietario, el Capitán Stanley Tucker (y detrás de él… la ‘pila’ de compradores haciendo lo propio).

El cromo que envuelve las luces posteriores se inspira en la propuesta de diseño de Gale Halderman de 1962, misma que se perfiló con fuerza en el debut ‘mustágino’ de 1964. El modelo 50 Aniversario combina la tercia de luces que originalmente eran individuales en aquella propuesta, de modo que el vehículo está equipado con una barra triple en cada lado. La cubierta falsa en la tapa de gasolina en una de las luces traseras es de una candidez irresistible. Las ventanas traseras tipo persiana son otro golpe de añoranza, compuestas de hojas de vidrio en capas, exclusivas de esta edición.

Dentro del  ícono, la exclusividad campea por sus fueros. El aluminio es parte del elenco, detalle diferenciador en la zona de instrumentos con el Mustang de serie. El sello ‘Edición 50 Aniversario’ se ubica en el lado del pasajero, mientras que una selección de finos tejidos ‘cashmere’ fueron invitados para trajear de gala al volante y el tablero. Los asientos dúotono insisten en esas exquisitas texturas y el cuero negro, con el logotipo conmemorativo en los respaldos. Las alfombras ‘mágicas’ acudieron a la cita con apuesta elegancia.

Para coger la pista no hay nada como montarse en un ícono de íconos, su motor V8 de 5.0 litros, desata 420 ‘mustangs’ de fuerza y 529 Nm de torque. La edición está ataviada con el paquete de rendimiento Mustang GT, que incluye frenos delanteros Brembo de seis pistones y gomas Pirelli P-Zero con aros 19 pulgadas de alto rendimiento, con una transmisión automática de seis velocidades ‘trasmitiendo’ al conductor la festividad aniversaria con toda su fuerza. ¡Felicidades Mustang!