Juan Carlos García
1 agosto, 2016

Dada la intensidad con que “se desplaza” la industria automotriz, es válido tener un as bajo la manga. Es normal que un fabricante compre un modelo de la competencia mientras están incubando el suyo. Es una forma de estudio, ortodoxa o no, tal como lo hizo Honda con su Acura NSX. Una de sus adquisiciones más estratégicas fue llevarse a casa un Porsche 911 GT3, sencillamente comprado a nombre de un ‘Juan Perez’ para ser desmembrado por el jefe del proyecto Acura, Nick Robinson.

Por lo general, los fabricantes van a los concesionarios como clientes regulares, y el fabricante rival no entera. Excepto en estos días, ya que cada vez con más información disponible, un cliente pícaro es más fácil de detectar. Y dicho y hecho. Porsche se dio cuenta de que este “cliente” provenía del litoral del NSX después de que el GT3 fue llevado mantenimiento. Cuando se devolvió la mákina, los chicos de Acura encontraron un curioso mensaje con cierto acento mordaz, puesto bajo del capó: “Buena suerte Honda… nos vemos del otro lado: Porsche”.

Para desarrollar el híbrido de US$157,800, el equipo Honda también compró un McLaren de 12 cilindros. Pero mientras la rivalidad sea entre caballeros, al final quien gana es el consumidor.