Juan Carlos García
11 junio, 2014

El deseo de personalizar vehículos al extremo ha hecho prosperar fuertemente la industria de los autos modificados en todo el mundo. Esta irresistible especialidad hace evolucionar a los modelos hacia formas excitantes, gracias al ‘laboratorio’ de diseño de empresas dedicadas a esa tarea, que ven en cada auto trabajado un trofeo en movimiento y un status symbol que cautiva a millones.

Gracias a sus ‘laboratorios’ de diseño, empresas dedicadas a esa tarea ven en cada auto trabajado un trofeo en movimiento

La personalización es un atributo de la personalidad transformada en materia. Los autos son configurados para que funcionen al mejor nivel posible en cuanto a diseño, prestaciones y manejo. Los apasionados a esta tendencia son, por definición, muy desinhibidos de presupuesto, para desahogar sus apetitos modificantes en los autos que transforman.

Pero la personalización no es de ahora. Desde que el mundo es mundo existe un deseo de descollar por medio del transporte personal. El palanquín de Samiramis, la creadora de los Jardines Colgantes de Babilonia, fue el primera en crear un vehículo propio con un acento muy personal. La emperatriz no sólo diseñó una de las siete maravillas del mundo antiguo, sino que además trazó los planos de la ciudad de Babilonia. Ella decoró personalmente su ostentosa litera de ensueño insertándole lapislázulis, topacios y rubiés, el cual era cargado por 8 esclavos dado su enorme peso. La reina de Saba otro tanto, descrita en el “Cantar de los cantares” del rey Salomón como una diosa, viajaba en un carruaje muy alto de oro macizo tirado por 20 caballos. El mismo Napoleón se paseó en uno muy largo, especialmente construido para su boda con la archiduquesa Josefina de Beauharnais, en 1804, carruaje que debía ser considerado la tatarabuela de las limosinas actuales y que se exhibe en el museo de Versalles. El mismo tren presidencial del vigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, fue modificado con flores exóticas talladas en la madera, en lo que la prensa llamaba ‘viajar en un jardín ambulante’, que pesaba 140 toneladas. La costumbre se mantuvo hasta la presidencia de Eisenhower, antes de que el ferrocarril presidencial fuera descontinuado.

Certificadas por la historia, las personalizaciones de los autos, más que una modificación en sí de un modelo, es uno mismo que se relanza a la sociedad para posicionarse con un nuevo enfoque. Es tal pasión por este subproducto de la industria automotriz, que en la ciudad de Las Vegas se realiza año con año desde el 1967, el Specialty Equipment Market Association, mejor conocido como el SEMA Show, una exposición en un espacio descomunal tan grande como dos estadios de beisbol, donde recibe más de 100 mil visitantes y cientos de compañías exponiendo sus productos. La personalización de los autos es de siempre, nació con la industria y vive una edad dorada permanente.