Juan Carlos García
19 diciembre, 2018

 

Denominada ‘Fiorentina’ por el emperador Julio César hace casi dos mil años, que en latín significa florecimiento, el empático  nombre auguraba el rico esplendor al que estaba destinada Florencia. La monumental urbe conoció su época de mayor esplendor tras la instauración del Gran Ducado de Toscana bajo el padrinazgo de la dinastía Médici, siendo el epicentro histórico del Renacimiento, considerada en la actualidad como uno de los principales polos del arte y la cultura universal. Recorrerla es una experiencia abrazadora al placer del Alfa Romeo Stelvio, la primera SUV del historial de la marca, dotada de prestaciones sin igual. Disfrute el segundo episodio de nuestra aventura por Italia, cortesía de la casa matriz de Alfa Romeo, el cálido trato de Air Europa y su revista MAKINAS

Recorrer Italia se precia de ser un viaje interminable al filo de los máximos asombros. Son tantas sus riquezas por descubrir que es preciso ser un turista muy selectivo para hacer del tiempo el mejor aliado de una aventura exuberante de descubrimientos.

Dicho y hecho, a bordo del Alfa Romeo Stelvio nuestro itinerario fue recompensado por abundantes experiencias sucesivas, dando cuenta de ello sobre sus extraordinarias aptitudes SUV. En su reparto óptimo de pesos, asegura una conducción dinámica y una respuesta inmediata al volante, placer en las rectas y pasión en las curvas sobre la Toscana montaraz que nos condujo a Florencia. El arte Stelvio exhibe fuerza muscular, siendo uno de esos SUV que son divertidos de manejar a cualquier velocidad, por las emociones que trasmite.

Así llegamos a este baluarte de esplendores humanos increíbles y sobrio santuario de la civilización, donde la gobernanza renacentista estimuló la producción del arte y sus artistas como nunca antes y nunca después en la historia.

Emprendimos la ruta florentina desde su centro histórico, pleno de tesoros formidables. Todo lo que entendemos por arte clásico se entroniza de majestuoso encanto y suprema belleza en Florencia, porque nada la supera en ese renglón, por lo que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983​.

La Piazza del Duomo es el emblema de la ciudad, uno de los sitios más deslumbrantes para el turista. Se trata de una de las catedrales más grandes del cristianismo, cuya cúpula de 45 metros de diámetro es la segunda más grande del mundo, detrás de la cúpula de la Basílica de San Pedro, mientras que su altísimo campanario es el más alto del planeta. La vista conjunta del Duomo, el Campanile de Giotto y el Battistero di San Giovanni, junto al Ponte Vecchio, componen la inconfundible imagen de Florencia.

La magnánima urbe fue cuna de las ciencias de la perspectiva en la pintura, que cambió para siempre la visión de las artes plásticas, donde el genial Leonardo de apenas 25 años de edad, fue uno de sus más avanzados exponentes. Este hijo de una humilde campesina había creado incontables e increíbles invenciones: la cerradura por combinación, el planeador, el robot autómata humanoide y el primer reloj despertador. Fue en el contexto de los festivales cortesanos del Renacimiento organizados por los Médici, que presentó su diseño de un artefacto que hoy podríamos llamar automóvil, anunciando una era de transporte sin caballos. Aunque nadie le creyó, la industria automotriz le debe el ‘primer acelerón’ de esa idea 400 años antes del surgimiento de Alfa Romeo.

La inagotable Florencia también ofrece al mundo la sobria explanada della Signoria, en cuya entrada sobresale la escultura de Hércules sometiendo a Caco, ejecutada en mármol de carrara. Igualmente brilla otro conjunto escultórico imponente: el rapto de las Sabinas, la grácil estatua de Perseo con la cabeza de Medusa y la majestuosa Fuente de Neptuno, donde el dios del mar reproduce el rostro de Cosme I de Médici, para reflejar el dominio de los mares de la poderosa dinastía.

Según el libro de récords Guinnes, además de ser la plaza más hermosa de Italia es el lugar con más animosidad de toda Europa. Durante todo el año se disfrutan sinfín de artistas locales que usan esta plaza como su escenario. Inmediatamente después llegamos al Ponte Vecchio, una de las ‘postales’ más representativas de la ciudad, plena de hechizos interminables. Aparte de su belleza y encanto, esta vía es célebre por ser propietaria ‘emérita’ del término “Bancarrota”. Según se cuenta cuando los comerciantes de la Florencia del siglo XVI perdían su liquidez, las autoridades rompían el banco o mesa donde trabajaban, para que todos se enteraran de su situación.

Otro momento de suprema elite florentina es el Palacio Pitti, otrora la mansión de los Médici, cuando ya se habían impuesto al linaje de sus terribles rivales, los Pitti. El magnífico escenario es asiento de los espléndidos Jardines de Boboli de 45,000 metros cuadrados de extensión, la zona verde más grande de Florencia, con grutas, fuentes, pérgolas, un lago “encantado” y la mayor densidad de estatuas de mármol del globo.

Así llegamos a la deslumbrante Galería Uffizi, el palacio-museo más valioso de Florencia, por contener una de las más célebres colecciones de arte del mundo y que desde el 2015 sobrepasa en número de visitas al museo de Louvre, en París. El cuadro del Nacimiento de Venus de Botticelli o la Adoración de los Magos de Leonardo da Vinci, son dos de sus más preciadas posesiones.

No podemos dejar de mencionar nuestro paso por la Galería de la Academia, uno de los museos estelares de la ciudad, que alberga la galería de Miguel Ángel, donde deslumbra su mayor presea: el colosal rey David, tallado en mármol de 5.17 metros de altura.

La importancia histórica de Florencia es de tal magnitud que no se puede aquilatar en palabras. Desde aquí el mundo dejó atrás a la Edad Media. Un artista en la cúspide del talento como Miguel Ángel fue uno de sus principales mentores que entregó al mundo obras imperecederas, donde al ser humano volvió a ser la medida de todas las cosas, esplendor que había quedado dormido en la antigua Roma… un verdadero Renacimiento.

Igualmente de talla universal está Leonardo, quien dijo una vez: “el arte florentino deslumbra por sus detalles”, aforismo que aprovechamos para calificar a nuestra nave: un Stelvio pleno de sabor refinadamente italiano. Florencia fue también sede de la rivalidad Miguel Angel-Leonardo, genios cuyos recelos mutuos fueron de epopeya. Aquí fue donde Da Vinci pintó el cuadro más famoso de la historia: la Monalisa. Es la misma ciudad donde un político redactaría su obra más importante: Nicolás Maquiavelo y su tratado El Príncipe y donde otros tres grandes renacentistas derrocharían su talento incomparable: Dante, Rafael, Tiziano y Boticelli. Sin olvidar a Galileo Galilei, el Padre de las ciencias, quien sería el primero en buscar la explicación de las cosas sin recurrir a la fe, a través del método científico… increíble que una ciudad hayan coincidido tantos talentos en un mismo lugar y una misma época.

La Ciencias del Espíritu Alfa

Para desglosar la esencia Alfa Romeo no hace falta ir a Italia, pero si sirve como vibrante fuente de inspiración para hacerlo con galano sentido italiano. Surgida del equilibrio perfecto entre legado, velocidad y belleza, Alfa Romeo es la máxima expresión del estilo y espíritu de una visionaria idiosincrasia. Encarna los cánones que caracterizan la esencia italiana y el lenguaje único de una marca que ostenta un protagónico sitial dentro de la industria.

Un deputado sentido del diseño, simplicidad como medida de equilibrio y cuidado de la calidad al detalle, hacen del ‘Alfa’ una cultura siempre en apertura hacia la innovación. Sus proporciones nacen de la arquitectura técnica de todo el automóvil, pero ornamentadas con un estilo superior.

Rebosante de premiaciones, la “forma de ser” de la Stelvio ofrece un rendimiento de primera clase, tecnologías de última generación y una sensación de conducción exclusiva, que supera a todas dentro del segmento SUV premium de tamaño medio.

Donde otros SUV se detienen en la utilidad, Alfa Romeo Stelvio asumió el desafío de crear la combinación perfecta de alto rendimiento, capacidad y diseño pulcro. Los valores que más les importan a los conductores están vertidos en excepcional molde Alfa: excelso diseño, glamour, elegancia premium, máximo confort, placer de conducción deportiva y tecnologías de privilegio.

SUV de Prestaciones de Excepción

Las autopistas italianas fueron el idílico escenario para disfrutar el estilo distintivo y la excelente maniobrabilidad del Alfa Romeo Stelvio. Metro a metro revela todo su carácter con su potente motor_____, combinado con su transmisión automática de 8 velocidades y la tracción integral de la tecnología Q4, que da como resultado una intensa personalidad deportiva.

Durante todo el viaje, la experiencia de manejo garantiza emociones únicas en curvas y rectas.

evidencia el poder de sus más preciados valores: leyenda y tecnología.

Dejada atrás la grandeza florentina, nos dirigimos hacia la que una vez fuera la capital del mundo: la Roma eterna de los césares, desde César Augusto hasta Rómulo Augústulo… aventura que culminará este reportaje a bordo de este SUV con manejo de emperadores.