Diego Fernandez
7 febrero, 2020

Muchos se preguntan ¿Cómo puede un fabricante de vehículos que sólo vendió 367,500 unidades el año pasado, tener un valor de mercado superior a Ford y Chevrolet que vendieron a nivel global 4.2 y 3.1 millones de vehículos respectivamente?  Para el ciudadano común esto resulta difícil de entender, aún si el precio promedio de los modelos de Tesla fuera 10 veces el de un Ford o Chevrolet, lo cual no es el caso.

 

Si bien el valor de mercado de una empresa en un momento dado se cuantifica por el valor de su acción multiplicado por la cantidad de acciones autorizadas, emitidas y adquiridas (outstanding shares), la realidad es que el valor de una empresa depende más de su capacidad de saber hablarle a los mercados que de sus ventas y ganancias. 

 

El ‘Activo’ Elon Musk

Para TESLA, el señor Elon Reeve Musk es su principal activo. Incluso cuando una empresa pierde dinero, que había sido el caso de TESLA en varios ciclos de su pasado reciente, la confianza del inversionista descasa en saber lo que pasa antes de que suceda y en las evidencias de un plan en ejecución para mejorarlo. No obstante, la historia ha demostrado que el éxito en la industria automotriz lo determina más que la velocidad de crecimiento, su capacidad de resistir e influir en los cambios, como lo muestran Chevrolet, Chrysler y Ford como las tres únicas casas americanas que sobrevivieron a las miles de fábricas de vehículos que inundaron Detroit a principio del siglo pasado.

Hay que reconocer que TESLA es diferente porque Elon Musk ha traído a la industria automotriz el histrionismo, cercanía y sentido de pertenencia del mundo tecnológico. Un claro ejemplo del talento casi mesiánico de este señor ocurrió durante la pasada presentación del Tesla Cybertruck, tanto porque es un desafío pretender que a la gente le guste un vehículo de diseño tan tosco, en franco reto a la filosofía de Steve Jobs como amante de las líneas puras, como también porque durante esta demostración, la camioneta falló la prueba de cristales blindados y el público lo tomó con naturalidad, aceptando la posterior explicación a medias de Musk de porqué había fallado y hasta una camiseta conmemorativa del suceso se hizo viral en las redes, algo impensable para el resto de la industria.

 

Demandante de Capitales

La realidad es que TESLA, en términos prácticos, ha captado la atención del mundo como puntero en la promoción y experiencia del cliente para la adopción de tecnología de vehículos eléctricos, capitalizando el impulso de legislaciones que promueven la reducción de emisiones. Su reciente firma de un acuerdo con China para la instalación de la primera fábrica de capital 100% extranjero en ese país, sin la intervención del Estado como socio, promete un mejor posicionamiento a futuro de esa empresa y por eso los mercados lo valoran hoy. Aunque se ve a TESLA como sinónimo de vehículo eléctrico verde, paradójicamente Elon Musk es responsable de haber desplazado la opción de vehículos a hidrógeno como la opción ecológica favorita de menos impacto ambientan de producción, operación y posterior disposición.

Resta que TESLA logre mantener la tendencia actual, considerando que su modelo de negocio es más demandante de capitales por su verticalización y disrupción de la cadena de valor tradicional, ante el resto de una industria que sabe innovar y competir agresivamente para defender su mercado.